ACAMPADA CON LAS MARYS … 3

 

 

ACAMPADA CON LAS MARYS … 3

 

    Se fueron despertando hasta qué en vista de que ninguna podíamos dormir, María Jesús preparó una cafetera y nos sentamos en círculo como los indios cuando fuman la pipa de la paz.

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    Les relaté palmo a palmo lo ocurrido, pero como pasa siempre cuando estamos todas, opiniones diversas: Que si vaya tontería, que segurísimo que era un gato, que estábamos tontas, que qué cagonas sois. Que miedo, a ver si va a ser verdad, vámonos a casa. Lo que me esperaba cada una decía una cosa.

    La jefa dijo que a dormir todo el mundo, por lo menos hasta que amaneciera y puso verde a la pobre Angelines que había preparado una macedonia como para una boda.

     Lógicamente casi ninguna pudimos volver a conciliar el sueño, pero estuvimos tumbadas entre risas y charloteos unas dos horas. No volvimos a escuchar lamentos, lloros, ni gemidos.

   A las ocho, preparé otra cafetera, me puse un jersey encima del pijama, se notaba el relente y la humedad del río, coloqué las sillas y la mesa, el colacao, la leche y diversos y variados dulces, tostadas y saqué tarta de manzana por si alguna le apetecía.

   Al olorcillo del café se fueron sentando. Se respiraba paz. El canto de algún jilguero junto al sonido del río, formaba una música difícil de definir pero realmente la estampa resultaba maravillosa.

   La jefa sacó el móvil y se puso a sacar fotos de todo el entorno.

   Ana se acercó al rio a fregar la cafetera, lo demás era desechable y una vez estuvo todo recogido, decidimos ir a comprobar el camino que Angelines y yo habíamos seguido de madrugada. Apartamos nuevamente las ramas que nos impedían pasar con libertad y sin arañazos. Seguimos aquel camino de tierra, hasta dar con el de baldosas. Entre todas limpiamos la tierra y las malas hierbas que lo cubría y efectivamente fuimos descubriendo unas letras que con paciencia y tiempo, al tener que ir limpiando para poder leer, descubrimos que formaban una frase.

  “Están entrando en la propiedad de los guardianes de las almas perdidas”

   Una vez leídas las letras de las baldosas, el camino solado acababa pero seguía otro de tierra que se adentraba en una especie de bosque, con pinos centenarios, encinas de la zona y alguna que otra especie que no conocía. Mis Marys muertas miedo, querían volver, pero teníamos ante nosotros un día luminoso con un sol de justicia y sobre todo una intriga que me picaba la curiosidad.

— Chicas, somos siete, es día y lo más probable es que el camino no lleve a ninguna parte y tengamos que volver, pero      deberíamos seguir y no quedarnos con las ganas.

— ¿Pero has leído lo que ponía en las baldosas?

— Una chorrada.

   Cuando las tuve convencidas, seguimos por aquel enrevesado camino, que a cada paso nos hacía retirar las ramas que entorpecían nuestra marcha, haciendo que el paseo adquiriera un tono siniestro y que cada paso durara un siglo.

   Llevábamos ya más de quince minutos andando, cuando al fondo de aquel camino de tierra y escondida entre maraña, ramas y protegida por altos y gigantescos árboles de otra especie que tampoco conocía, se dejaba vislumbrar una casona enorme, antigua y de aspecto señorial.

   Seguimos hasta tenerla totalmente a la vista. Parecía estar construida con una especie de bloque gallego, color grisáceo. Las ventanas todas ellas con arco de medio punto y vidrieras de colores, que aunque la mayoría estaban rotas daban un aspecto señorial, como de castillo de cuento de hadas. La casona debía de estar abandonada. Pero nos dejó a todas con la boca abierta.

— ¿Os imagináis vivir aquí?

— Un poco tétrico Sole.

— Claro, así como está sí ¿Pero arreglada?

— Si, si lo que tú digas, dijo Angelines, arreglada, con el saludo de las baldosas y un niño que llora por la noche.

Carcajada general.

— Pues yo sin duda me la quedaría, si tuviera pasta claro.

— Pues no creo que fuera difícil averiguar de quien es.

— Claro que no, en el registro, o preguntando en el ayuntamiento.

— ¿Entramos chicas?

— ¿Cómo?

— Angelines, ahora que hemos llegado hasta aquí, tenemos que entrar.

   Después de un rato de deliberación se apoyó por mayoría la entrada a la casona. Habría que probar la puerta y en cualquier caso, siempre lo podríamos hacer por una de las ventanas de la planta baja.

Continuará…

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