LA VIDA Y LA MUERTE

 

 

LA VIDA Y LA MUERTE

    Me desperté algo azorado, me dolía el pecho. Todo a mi alrededor era demasiado blanco. El dorso de mi mano estaba cubierto por un esparadrapo del que salía un tubito repleto de líquido desde el que una botella de suero iba surtiendo gota a gota. De mi dedo salía un cable conectado a una máquina, que constantemente resonaba con una especie de piii, pii. De otra máquina se podía ver el electrocardiograma  que emitía mi corazón en forma de picos que se dejaban ver en una pantalla.

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Me sentía terriblemente cansado, como si hubiera escalado una montaña, pero el único dolor que sentía era en el pecho, no era un dolor agudo, sino como muscular, como cuando sientes agujetas por el ejercicio físico. A cada lado de mi cama en sendas sillas, se sentaban dos señoras. Estaba confundido, no las conocía, por un instante pensé que eran la doctoras. Hablaban entre sí.

– No cantes victoria, he venido a llevármelo.

– Dale tiempo, no creo que haya llegado su momento.

-Esperaré entonces, aunque hay personas esperando.

Lo sé, al otro lado de la cortina, la señora de la cama de al lado, no puedo hacer nada por ella. Es tu turno.

Si, le quedan solo unos minutos, me la llevaré y ellos decidirán el camino a tomar.

¿No puedes interceder?

Sabes que no, mi trabajo es pasarles al otro lado, al igual que el tuyo, es que sigan aquí. El resto no es cosa nuestra.

Parece que  a el, no te lo llevas, ha despertado, creo que esta vez se queda conmigo.

De momento parece que si, has tenido suerte, hasta pronto, me voy al otro lado de la cortina.

Buen viaje.

   Abrí los ojos, al otro lado de la cortina varios médicos usaban un desfibrilador que hacía saltar el cuerpo de la mujer que ocupaba la cama de al lado. Repitieron varias veces. Después solo se escuchó decir: Hora de la muerte, las 10,30.

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Una respuesta a “LA VIDA Y LA MUERTE”

  1. Soledad, no olvidaré jamás los ánimos que siempre me das para continuar escribiendo, aunque con tu escritura imaginativa no tiene fin, posees una fuente inagotable de buen humos, y de contrastes interesantes como en este relato, superas siempre mis expectativas de ti

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