LA ENTREVISTA. Por Juan Carlos Díaz Meco.

LA ENTREVISTA

Entró tímidamente. Sentía los nervios atrapados en el estómago y temía que en cualquier momento pudieran liberarse en forma de vómito echando por tierra todas sus aspiraciones. Tampoco ayudó la abrumadora presencia de aquel espacio tan amplio, majestuoso e inundado de luz que entraba por las enormes cristaleras que envolvían el edificio. Se sintió más pequeño de lo que ya era. Había gente dispersa entre tanto espacio y distraída en alegre conversación los unos con los otros. Se respiraba un ambiente de tranquilidad a pesar de que los teléfonos no dejaban de sonar porque nadie los atendía. La molesta sinfonía saltaba de una mesa a otra esperando que alguien le pusiera fin. Pero las sillas estaban huérfanas.

Se dirigió a la primera persona que le miró a los ojos, quizá por error pero ya era tarde.

—¿El Sr. Carcía?
—¡Perdón! ¿Cómo dice? —contestó el empleado despistado.
—Tengo una entrevista con el Sr. García , ¿me podría indicar a dónde me tengo que dirigir?
—¡Uy! … ahora aviso a alguien, espere aquí.

Mientras esperaba observó que las mesas continuaban sin ocupar y los teléfonos seguían sonando insistentemente. Corrillos de personas seguían departíendo sin inmutarse por ello y tampoco por la creciente cola de personas que estaban esperando a la espera de ser atendidas. Repasó mentalmente el simulacro que había realizado delante del espejo en su casa de la que sería su primera entrevista de trabajo. Había dedicado buena parte de los años, de su todavía corta vida, para formarse y ahora había llegado el momento de poner en práctica lo aprendido. Se había licenciado con unas de las mejores notas de su promoción, se doctoró y realizó todos los Masters que le ofrecieron. Se fue al extranjero para perfeccionar sus idiomas. Había hecho también un curso sobre cómo preparar el currículum y afrontar las entrevistas de trabajo. Estaba preparado. Entonces , ¿por qué le sudaban las manos? ¿Por qué tenía el estómago revuelto? ¿Por qué los ojos se le movían sin control , como si estuviera poseído?

—Tienes un currículum impresionante.                                                                 interview-1018333_640
—Gracias.
—¿Es el primer trabajo al que aspiras?
—Sí. Bueno sin tener en cuenta los de verano…
—Quizás estás demasiado preparado…y además no tienes ninguna experiencia .
—Nunca es demasiado y por algún sitio habrá que empezar —le contestó Luis. Esa pregunta la esperaba.
—Ya, pero no podemos perder tiempo en su formación específica…
—¿No cree que eso es una contradicción? Por un lado buscan gente joven, pero la rechazan porque no tiene experiencia y cuando la persona la alcanza, la vuelven a rechazar porqué ya es demasiado vieja y cara. Yo estoy dispuesto a cobrar mucho menos por ser mi primer trabajo y entender que necesito una proceso de adaptación y aprendizaje. Pero si nadie me da esa oportunidad nunca podré llegar los conocimientos que ahora me exige.
—¡Brillante!
—Gracias otra vez.
—El puesto es para el departamento de recurso humanos. ¿Qué sabes de eso?
—Que a las personas hay que tratarlas con respeto y honestidad. Que se trabaja mejor cuándo se hace por convencimiento y no por imposición. Que es un error pensar que la única cosa que mueve a los trabajadores sea el salario, también es importante la motivación, la formación, la comunicación y el liderazgo ejemplar. Que los conflictos laborales hay que solucionarlos desde el principio, de cara y sin diferirlos eternamente. Que hay que ser justo…
—Definitivamente creo que no encajarás en el puesto. Dime, ¿qué has visto al entrar aquí?
—Mucha gente y pocos trabajando.
—Exacto. Esos pocos soportan toda la carga de trabajo, pero todos cobran igual, ¿le parece justo?
business-men-295469_640—No. En absoluto.
—Ahí está el problema. Normalmente quienes más exigen y más gritan, crean más conflictos y quienes creen que sólo tiene derechos y no obligaciones son los que están ausentes aunque se presenten a trabajar. Es lo que se llama el absentismo presencial. En cambio los responsables, los metódicos, los trabajadores abnegados siempre suelen estar callados. No protestan. No se manifiestan. Asumen como propios los objetivos de la empresa. ¿Qué hace la empresa?
—Premiar el esfuerzo de los que trabajan y despedir o expedientar a los que no lo hacen.
—Pues no. Exactamente todo lo contrario. Para poder mantener la paz social en la empresa y no tener más conflictos, hay que soportar, atender, calmar, sortear y escuchar a todos esos vagos que están perfectamente organizados. Se protegen unos a otros y están presentes en todos las secciones y departamentos. Son como células malignas esparcidas por todo el cuerpo. ¿Lo entiendes ahora?
—Pues no, la verdad.
—Muy fácil. De no hacerlo contaminarían, manipularían, amenzararían y extorsionarían a los que sí trabajan a conciencia y entonces la empresa no podría funcionar. La paradoja es que manteniendo satisfechos a los que no trabajan , conseguimos que trabajen los que sí lo hacen.
—Pero eso no es bueno para nadie.
—Te vuelves a equivocar. Pero tendrás tiempo de aprenderlo …¡Estás contratado!
—Gracias. No sé qué decir.
—No digas nada. Sólo tienes que saber que yo soy de los primeros y he visto que tu serás de los segundos. No me falles.

Escrito por :
Juan Carlos Díaz Meco (Meco) 2015

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