ACAMPADA CON LAS MARYS…1

 

 

ACAMPADA CON LAS MARYS…… 1

 

   Ya llevábamos un tiempo pensando en hacer una acampada, de esas en pleno campo, con tiendas de campaña, hormigas, arañas, sacos de dormir y todas esas cosas que de seguro nos hubiéramos ahorrado en un buen hotel. Pero a estas chicas cuando se las mete una cosa en la cabeza, no hay quien las pare.

the-gang-1339235_960_720Después de un montón de comprar, preparar comidas y consejos varios partimos un viernes después de comer. Nos dividimos en dos coches, entre sacos, latas de aceitunas, bolsas de patatas fritas, pijamas y botellas de cerveza. La jefa iba delante con Angelines y Marival, abriéndonos camino, ya que tanto la idea como el sitio había salido de ella. En menos de dos horas alcanzamos nuestro destino, que no resultó ser tal y como lo había imaginado.

   Una vez aparcados los coches en una zona asfaltada, preparada para tal fin, salimos a otear el horizonte y descubrimos una especie de llano precioso, con un césped verde y recién cortado, rodeado de montes bajos y al fondo un río, bordeado por unos álamos gigantescos que daban sombra a las diez o doce tiendas montadas y a un chiringuito con un mostrador repleto de bocadillos y con un cartel que ponía: Mahou. Aquello parecía un camping despendolao.

 

   Todas nuestras miradas se dirigieron a Mari Jesús, que al contemplar aquel paisaje repleto de personas, sentadas en sus mesas, niños correteando y radiocasetes a todo trapo dijo:

—   Lo sé, lo dé, no digáis nada. Me habían hablado de este sitio, pero creía que estaríamos solas.

—   ¿Qué hacemos?

—   Pues buscar un sitio, y montar la tienda. Dije.

—  No, de eso nada. Vamos a seguir el río y a buscar algo más tranquilo.

—   Chicas, que aquí estaremos más acompañadas.

—   ¡Pero Sole! ¡Por Dios! Para compañía, ya tenemos el centro comercial.

—   Bueno, bueno, me sumo a la mayoría.

—   Pues vamos a otro sitio.

   Volvimos a los coches y seguimos el camino de tierra, hasta que se acabó y la jefa se metió por unos andurriales bordeando el río, hasta encontrar un pacífico y precioso lugar rodeado de árboles que no sabría definir. El verde de suelo, originado por la humedad del río, hacía de aquel paisaje algo fuera de lo común. El día era espléndido y de repente nos sentimos tan solas de todo, rodeadas de aire puro, agua fresca y de aquel ambiente de cuento de hadas, que comenzamos a saltar y a cantar todas juntas:

Amiga mía de Alejandro Sanz. Después de cantar, bailar y tirarnos por el suelo comenzamos la tarea. Entre Maria Jesus, Maricarmen y Angelines, se pusieron a montar la tienda. Las demás sacamos todos los cachivaches del coche para ordenarlos. Decidí colocar las botellas en una especie de hondonada que fabriqué al borde del  río, para mantenerlas fresquitas. ¡Que ideas me vienen! Seguro que a ninguna se les hubiese ocurrido.

 

   Coloqué la mesa, las sillas los cojines. Ordenamos la comida y cuando estuvo todo colocado, las tres expertas en camping estaban tiradas en la hierba, sudando con la tienda desperdigada por el suelo y las instrucciones en la mano.

— Pero leche ¿No decías que sabías?

— Pues claro que se. Pero nunca había montado una tan grande.

— Anda, vamos a ayudar todas, que se hace de noche y a este paso dormimos fuera.

Después de leernos unas siete veces las instrucciones y unos veinte intentos, logramos montar aquella gigantesca tienda.

Cuando empezamos a colocar las colchonetas, nos dimos cuenta de que se nos había olvidado,el aparatito ese para echar aire.

—¡Mierda! ¿Y ahora qué hacemos?

— Soplar, cada una la nuestra.

Me dolía la delantera, los pulmones, los morros y todo de todo. Hasta que por fin acabé aquella tarea ingrata. Me quedó algo blandengue, pero ya no podía más.

— Esto se merece unos cubatas.

— Nada de cubatas. ¡Encender el camping gas! Cenamos y después los cubatas.garden-1507568__180

— Vale.

Lo de encender aquel aparatejo nos salió a la primera. Pusimos una mesa estupenda, con platos y vasos de usar y tirar. Ensaladilla, tabla de ibéricos, queso, empanada, croquetas y tarta de chocolate. ¡Que placer! ¡Qué bueno estaba todo! Y sin tener que fregar. Después de ponernos moradas, comenzamos con los cubatas y acabamos cantado él Asturias patria querida, desde Santurce a Bilbao, una de Rocío Jurado y bailando sevillanas, con el aparato de música de Marival.

Tan alta estaba la música que apareció por allí un señor que se presentó como uno de los campistas que habíamos dejado en la explanada anterior. El hombre pensó, que con tanto griterío nos pasaba algo. Ante tan conmovedora aparición le invitamos a un cubata que se convirtieron en cuatro. El buen hombre se fue haciendo eses con el coche, no sin antes advertirnos, que no nos preocupáramos por las culebras, que eran inofensivas, ni por los ratoncillos de campo.

Ante tan afirmación creo que se nos pasó de golpe la bolinga y comenzamos a registrar la tienda. Porque una cosa eran los mosquitos, pero: ¡Un ratón! Y ¡Una culebra! Para eso no estábamos preparadas.

Continuará…

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Una respuesta a “ACAMPADA CON LAS MARYS…1”

  1. Hola, buenas tardes. En primer lugar, hacerte saber que me ha encantado el relato; en segundo, considero que, si en lugar de aparecer la raya desligada de los parlamentos, sin la correspondiente sangría y que los títulos de las canciones deberían haber aparecido en cursiva, hubieran sido narrados tal y como aconsejan las normas contempladas en la RAE: te habría quedado bordado.

    Espero y deseo que te tomes esto como una admoninción y no como un ataque personal y/o crítica destructiva.

    Gracias por compartir.

    Saludos

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