NADIE LO NOTARÍA por Acacia González Miranda

NADIE LO NOTARÍA

   Nadie notaría la angustia y dolor que estoy pasando, se supone, se espera, se requiere que sea el sostén de ella, de ellos, de todos.
Es como si flotara sobre una nube, y desde muy alto viera lo que sucede allá abajo. Y el que esta ahí sentado junto a ella, sujetando su sudorosa y delgada mano no fuera yo.
Veo como la boca del médico se mueve pero no puedo escuchar nada desde aquí arriba donde me he refugiado momentáneamente, huyendo del destino que la persigue, que nos persigue. Un futuro próximo o cercano pero señalado sin remedio.

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   Yo, el de abajo, siento que me convierto en piedra, porque de otra manera me derretiría en un mar de sal vertido por mis ojos, pero no puedo hacerlo, ella me necesita, así, duro y fuerte, para sostenerla cuando ya no puedo seguir sordo, a las palabras que penetran mi mente y alma “Lo siento, regresó con mayor fuerza esta vez.

Por Acacia González Miranda

HAY QUE VIVIR. Por Gemma Olmos.

 

HAY QUE VIVIR

    Hace unos días, en un post, leí un mensaje prefabricado que reflejaba el hartazgo que producía la monotonía de la vida, la incomprensión sentida, la ingratitud y el poco aprecio que se recibe ante el mérito de cumplir con abnegación la rutina y el esfuerzo diario. Se manifestaba un gran cansancio por la vida.
Así es, si así os parece, decía el Gran Pirandello.

    La verdad es que en muchos casos, hay que echarle valor, pero, a veces me pregunto si no es posible aprender a subir la autoestima, a considerar que tenemos una calidad, que no somos pequeños, que los pequeños son los otros, los que no reconocen nuestra importancia. No debemos decir “estoy cansado” de esta vida.

   No podemos dejar de buscar la luz en las sombras, debemos inventarla, cambiar la ruta para ir a los mismos sitios, mirar al frente y observar todo a nuestro alrededor.

   Debemos hacer que la vida tenga un aliciente, poner color donde no lo hay, no alienarnos con las estupideces televisivas que ayudan a pensar que hay quien está peor.

   Si uno mismo se gratifica y busca la fantasía en la monotonía, vuelve la ilusión y, a lo mejor, algún día se cumplen nuestros sueños.

    Yo, a veces imagino cosas raras. El otro día, sin ir más lejos, imaginaba yo a Sorolla delante de un precioso mar, retratando a Clotilde, su querida esposa, mientras la brisa le levantaba el sombrero. A su lado, un gran escritor creaba maravillosas novelas en las que ponía tanta pasión que yo, que ya sabeis que me transporto, llegué a oler sus azahares y a mojar mis pies en la playa. Éste se llamaba Blanco Ibáñez. Y vosotros, ¿No podeis imaginar a los romanos construyendo el Acueducto?, ¿Ni al Quijote arremetiendo contra los molinos? Pues, vaya, si que estais mal.

                                                       Gemma Olmos.

No te pierdas el blog de Gemma Olmos, es una maravilla, pincha el enlace:

                                                                                    www.relatos-historias.com 

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LA ENTREVISTA. Por Juan Carlos Díaz Meco.

LA ENTREVISTA

Entró tímidamente. Sentía los nervios atrapados en el estómago y temía que en cualquier momento pudieran liberarse en forma de vómito echando por tierra todas sus aspiraciones. Tampoco ayudó la abrumadora presencia de aquel espacio tan amplio, majestuoso e inundado de luz que entraba por las enormes cristaleras que envolvían el edificio. Se sintió más pequeño de lo que ya era. Había gente dispersa entre tanto espacio y distraída en alegre conversación los unos con los otros. Se respiraba un ambiente de tranquilidad a pesar de que los teléfonos no dejaban de sonar porque nadie los atendía. La molesta sinfonía saltaba de una mesa a otra esperando que alguien le pusiera fin. Pero las sillas estaban huérfanas.

Se dirigió a la primera persona que le miró a los ojos, quizá por error pero ya era tarde.

—¿El Sr. Carcía?
—¡Perdón! ¿Cómo dice? —contestó el empleado despistado.
—Tengo una entrevista con el Sr. García , ¿me podría indicar a dónde me tengo que dirigir?
—¡Uy! … ahora aviso a alguien, espere aquí.

Mientras esperaba observó que las mesas continuaban sin ocupar y los teléfonos seguían sonando insistentemente. Corrillos de personas seguían departíendo sin inmutarse por ello y tampoco por la creciente cola de personas que estaban esperando a la espera de ser atendidas. Repasó mentalmente el simulacro que había realizado delante del espejo en su casa de la que sería su primera entrevista de trabajo. Había dedicado buena parte de los años, de su todavía corta vida, para formarse y ahora había llegado el momento de poner en práctica lo aprendido. Se había licenciado con unas de las mejores notas de su promoción, se doctoró y realizó todos los Masters que le ofrecieron. Se fue al extranjero para perfeccionar sus idiomas. Había hecho también un curso sobre cómo preparar el currículum y afrontar las entrevistas de trabajo. Estaba preparado. Entonces , ¿por qué le sudaban las manos? ¿Por qué tenía el estómago revuelto? ¿Por qué los ojos se le movían sin control , como si estuviera poseído?

—Tienes un currículum impresionante.                                                                 interview-1018333_640
—Gracias.
—¿Es el primer trabajo al que aspiras?
—Sí. Bueno sin tener en cuenta los de verano…
—Quizás estás demasiado preparado…y además no tienes ninguna experiencia .
—Nunca es demasiado y por algún sitio habrá que empezar —le contestó Luis. Esa pregunta la esperaba.
—Ya, pero no podemos perder tiempo en su formación específica…
—¿No cree que eso es una contradicción? Por un lado buscan gente joven, pero la rechazan porque no tiene experiencia y cuando la persona la alcanza, la vuelven a rechazar porqué ya es demasiado vieja y cara. Yo estoy dispuesto a cobrar mucho menos por ser mi primer trabajo y entender que necesito una proceso de adaptación y aprendizaje. Pero si nadie me da esa oportunidad nunca podré llegar los conocimientos que ahora me exige.
—¡Brillante!
—Gracias otra vez.
—El puesto es para el departamento de recurso humanos. ¿Qué sabes de eso?
—Que a las personas hay que tratarlas con respeto y honestidad. Que se trabaja mejor cuándo se hace por convencimiento y no por imposición. Que es un error pensar que la única cosa que mueve a los trabajadores sea el salario, también es importante la motivación, la formación, la comunicación y el liderazgo ejemplar. Que los conflictos laborales hay que solucionarlos desde el principio, de cara y sin diferirlos eternamente. Que hay que ser justo…
—Definitivamente creo que no encajarás en el puesto. Dime, ¿qué has visto al entrar aquí?
—Mucha gente y pocos trabajando.
—Exacto. Esos pocos soportan toda la carga de trabajo, pero todos cobran igual, ¿le parece justo?
business-men-295469_640—No. En absoluto.
—Ahí está el problema. Normalmente quienes más exigen y más gritan, crean más conflictos y quienes creen que sólo tiene derechos y no obligaciones son los que están ausentes aunque se presenten a trabajar. Es lo que se llama el absentismo presencial. En cambio los responsables, los metódicos, los trabajadores abnegados siempre suelen estar callados. No protestan. No se manifiestan. Asumen como propios los objetivos de la empresa. ¿Qué hace la empresa?
—Premiar el esfuerzo de los que trabajan y despedir o expedientar a los que no lo hacen.
—Pues no. Exactamente todo lo contrario. Para poder mantener la paz social en la empresa y no tener más conflictos, hay que soportar, atender, calmar, sortear y escuchar a todos esos vagos que están perfectamente organizados. Se protegen unos a otros y están presentes en todos las secciones y departamentos. Son como células malignas esparcidas por todo el cuerpo. ¿Lo entiendes ahora?
—Pues no, la verdad.
—Muy fácil. De no hacerlo contaminarían, manipularían, amenzararían y extorsionarían a los que sí trabajan a conciencia y entonces la empresa no podría funcionar. La paradoja es que manteniendo satisfechos a los que no trabajan , conseguimos que trabajen los que sí lo hacen.
—Pero eso no es bueno para nadie.
—Te vuelves a equivocar. Pero tendrás tiempo de aprenderlo …¡Estás contratado!
—Gracias. No sé qué decir.
—No digas nada. Sólo tienes que saber que yo soy de los primeros y he visto que tu serás de los segundos. No me falles.

Escrito por :
Juan Carlos Díaz Meco (Meco) 2015

MALDITAS VELAS. Por Nieves Martín Velasco

Malditas velas

   Todo paso tan rápido que no les dio tiempo a enterarse de nada, y todo por una botella de alcohol.
La arrogancia de la vida,así de sencillo, pero no se daban cuenta que en este caso los arrogantes eran ellos.

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   Todo empezó al salir de clase .Quedó con su mejor amiga,  tenía que contarle algo muy importante y no podía esperar más.

   Al terminar de cena ,les dijo a sus padres que iba a salir con sus amigas, no es que les hiciera mucha gracia, pero entendían que ya no era una niña. Metió en la mochila la ropa. que se pondría para acudir a ese misterioso lugar que le dijo su amiga y se despidió de ellos .A la vuelta de la esquina la esperaba con el coche,se dieron un fuerte beso en la boca,  sus manos buscaban más, pero no había tiempo.Todo era tan misterioso que cuando llegaron no podía creerlo.El coche paró al lado de un estrecho camino,se bajaron y siguieron andando hasta llegar a una especie de contenedor metálico de grandes dimensiones. Su amiga lo tenía todo preparado, mas bien parecía una habitación,donde pasarían las dos una noche inolvidable.Velas Rojas encendidas a todo su alrededor, una hermosa cama y la necesidad de meterse en ella.Tardaron poco en desnudarse y menos en abrir la botella de vozka que  habÍan preparado. Tomaron unos tragos y se afanaron a lo suyo. Que tranquilidad sintieron, siempre a escondidas, pero merecía la pena.Las velas se iban consumiendo muy poco a poco y ellas se quedaron dormidas. En uno de sus movimientos forzada por un sueño, al mover el brazo ,la botella se cayó al suelo y con el desgaste de las velas se encendió uno de los cojines.

   En unos minutos ardió todo lo que había dentro…

Nieves Martín Velasco

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PEQUEÑAS COSAS. Por Candy de Prada.

PEQUEÑAS COSAS

 

   Paseaba por el campo primaveral entre cantueso, margaritas y amapolas, y pensaba… Estoy en ese momento de mi vida en el que el cuerpo pierde su forma, en el que las carnes cuelgan, en el que el pelo se pinta de blanco, en el que todos te llaman señora, en el que las arrugas de la cara cada día son más profundas, que pena hacerse mayor… Pero… tras meditarlo unos minutos llegué a la conclusión de que NO, NO Y NO.

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   Estoy en ese momento en el que me importa solo lo importante, en el que disfruto de las cosas que quiero, en el que no hago algo si no quiero hacerlo, en el que no aguanto impertinencias ni estupideces, en el que cada minuto cuenta y no puedo desperdiciarlo, en el que la felicidad son esas pequeñas cosas de cada día: un beso, el olor a café, un atardecer, una charla con un buen amigo, una comida entre amigas, un buen libro.

   Aprendamos a valorar esas pequeñas cosas que tenemos a nuestro alcance cada día, y a disfrutar de cada momento como si fuera el último.

Candy de la Prada.

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